PLAN ESTRATEGICO PARA LA RECUPERACION Y DESARROLLO INTEGRAL DEL CENTRO HISTORICO DE LA CIUDAD DE MEXICO
por Edna Elena Vega Rangel

La siguiente propuesta de Plan Estratégico para la Regeneración y Desarrollo Integral del Centro Histórico de la Ciudad de México, responde a la necesidad de enfrentar un proceso de marcado deterioro de las condiciones de vida de los habitantes y usuarios del Centro Histórico, así como la degradación del entorno urbano y de los valores patrimoniales que, en 1980, se declararon como zona de monumentos y que en 1987 lo hicieron merecedor del máximo reconocimiento internacional, al distinguirlo con la denominación de la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

El Plan se concibe como un instrumento rector de la acción pública y de las iniciativas sociales y de los particulares en el largo plazo, al mismo tiempo que sirve de base para la realización de un conjunto de acciones inmediatas detonadoras del proceso de regeneración y desarrollo integral del Centro Histórico de la Ciudad de México.
Se trata de un instrumento de coordinación -entre los sectores público, social y privado- y de concurrencia entre los gobiernos local y federal, en un marco integral de actuación. En este sentido, se espera que este Plan reciba el mayor impulso por parte del Consejo del Centro Histórico, cuya facultad es «proponer la coordinación de las actividades que requiera la recuperación, protección y conservación del Centro Histórico de la Ciudad de México».
El Plan encuentra su fundamentación en el Programa General de Desarrollo del Gobierno del Distrito Federal 1998-2000, que plantea como una de sus estrategias "impulsar proyectos integrales de renovación urbana con perfiles específicos" y de ahí «fortalecer y recuperar el Centro Histórico, con programas de orden económico, social y cultural».

Como lo indica su nombre, el Plan busca apoyarse sobre una visión integral de la problemática del Centro Histórico, al mismo tiempo que proponer estrategias y acciones que sean producto de un proceso participativo e incluyente de los distintos actores que intervienen en este espacio. Solo así, podrá constituirse en un instrumento que, al mismo tiempo que permita atender los rezagos sociales, ofrezca certidumbre a las inversiones.
Con el fin de constituirse efectivamente en un instrumento orientador de la acción coordinada de los sectores público, privado y social, esta propuesta de Plan se sugiere:

- Ofrecer lineamientos estratégicos y de política.
- Proponer adecuaciones al marco legal y reglamentario vigente.
- Señalar acciones detonadoras de corto plazo, que sean producto de una amplia participación y consenso social.
- Delimitar polígonos de actuación prioritaria que faciliten la concurrencia de inversiones públicas y privadas (proyectos integrales de renovación urbana con perfiles específicos).
- Proponer instrumentos y fuentes de financiamiento adecuados para el desarrollo de proyectos.
- Sentar las bases para gestionar los apoyos de la cooperación internacional.

En sí mismo, el Plan Estratégico no tiene fuerza de Ley, por lo que deberá encontrar su anclaje jurídico y operativo a través de la elaboración y aprobación de distintos instrumentos legales y reglamentarios, entre otros: los Programas Parciales de Desarrollo Urbano referidos a determinadas zonas del Centro Histórico («Alameda», «Perímetro A del Centro Histórico», «La Merced - Venustiano Carranza»). Para lo cual si bien la Asamblea Legislativa del Distrito Federal no tendría la obligatoriedad de someterlo a ningún tipo de dictamen, es de fundamental importancia que lo conozca e incorpore algunos de los planteamientos en los instrumentos normativos y legales.
El enfoque integral del Plan lleva a proponer cuatro estrategias de actuación, estrechamente vinculadas entre sí: a) el rescate de la centralidad, b) la regeneración habitacional, c) el desarrollo económico y d) el desarrollo social.

Cada una se desglosa a su vez en varias líneas de acción para las cuales el Plan logró identificar, en algunos casos, proyectos detonadores a implementar en el corto plazo; en otros, sin embargo, no se cuenta todavía con propuestas concretas. Se espera que los distintos participantes en las reuniones convocadas para la discusión de este documento hagan aportaciones en este sentido.

En efecto, solamente con una amplia difusión de este documento, y a través de los debates propositivos que de él se deriven, el Plan Estratégico para el Centro Histórico de la Ciudad de México podrá convertirse progresivamente en una plataforma de gobierno, sujeta permanentemente a revisión y actualización, a través del mayor involucramiento posible de los sectores público, social y privado.

1. ANTECEDENTES

Una ciudad de siete siglos*

El origen de la ciudad se remonta a la fundación de México-Tenochtitlan, la capital del entonces naciente imperio Mexica en el siglo XIV. La ciudad se construyó en medio del lago de México, sobre islotes naturales y otros artificiales construidos ex profeso, aprovechando la tecnología hidráulica que, para fines agrícolas, habían desarrollado las antiguas culturas lacustres del altiplano. México-Tenochtitlan fue una ciudad insular unida a tierra firme por imponentes calzadas, que tenían una doble función, pues a la vez que servían de lazos de comunicación con las ciudades ribereñas, contenían y regulaban las aguas del lago y de sus afluentes.
Al centro de la ciudad estaba un gran recinto ceremonial con numerosos templos; en sus lados sur y oeste los palacios de los gobernantes y de la administración pública; circundando todo el conjunto, las manzanas destinadas a la habitación conformaban cuatro sectores urbanos y barrios: Cuepopan, Atzacoalco, Moyotla y Zoquipa.
En 1524 los conquistadores españoles refundaron la Ciudad de México sobre las ruinas del centro ceremonial y de gobierno de los mexicas, siguiendo la traza del orden existente en la ciudad prehispánica. Quedando al centro, la ciudad española, rodeada de los barrios de la población Mexica, derrotada y segregada, rebautizándolos como Santa María, San Sebastián, San Juan y San Pablo, respectivamente.
Durante los tres siglos de dominación española ocurrieron cambios sustantivos en el medio natural; el más importante fue la desecación del lago de México. Así, el complejo sistema de obras hidráulicas prehispánicas fue destruido o cayó en desuso y las inundaciones afectaron constantemente a la ciudad.
La ciudad del periodo colonial alcanzó su máximo esplendor durante el siglo XVIII, cuando las ricas familias de mineros, hacendados y comerciantes construyeron magníficos palacios y casonas. En ese entonces, las necesidades funcionales y las costumbres de la época marcaron soluciones tipológicas de la vivienda de las clases medias y altas; esos edificios tuvieron el mismo esquema arquitectónico, consistente en uno o más patios cuadrangulares, delimitados por corredores porticados que daban acceso a los distintos espacios de habitación, trabajo y servicios.
En el siglo XIX se llevó a cabo una auténtica reforma urbana: con la expropiación y nacionalización de las propiedades de la iglesia, se inició un proceso constante de expansión espacial; los conventos fueron subastados junto con palacios y casonas; las familias más ricas dejaron la ciudad y emigraron a sus residencias campestres, los viejos edificios fueron subdivididos y adaptados por sus nuevos propietarios para multiplicar el número de viviendas y accesorias en alquiler; las "casas de vecindad" sustituyeron entonces a las casonas señoriales y a los conventos, estableciendo así, el predominio de una nueva tipología habitacional en la ciudad.

Durante la primera década del siglo XX, la modernidad se asentó en la ciudad. Se construyeron grandes obras públicas, servicios urbanos básicos, líneas de transporte, equipamientos sociales y edificios públicos, junto al mejoramiento de los espacios urbanos y algunas obras suntuarias. Hacia el poniente y sur poniente, surgieron nuevos desarrollos inmobiliarios exclusivos para una población con mayores aspiraciones y recursos económicos, en los que la vivienda unifamiliar predominaba sobre la multifamiliar. Al norte y oriente, se expandieron las nuevas colonias obreras de viviendas multifamiliares de alquiler.

La «Antigua Ciudad de México» se mantuvo como el centro de las principales actividades económicas, administrativas, culturales y de gobierno, convirtiéndose en el centro de la metrópoli emergente. Durante tres décadas, de 1920 a 1950, este «centro» fue el espacio predilecto para la construcción de los principales edificios, tanto públicos como privados; las inversiones inmobiliarias y la industria de la construcción tuvieron un auge significativo. Al mismo tiempo, las áreas centrales de la ciudad y en particular, el centro histórico, fueron el espacio de recepción de los migrantes del campo a la ciudad.

En el transcurso del siglo XX, la ciudad de México no fue ajena a los fuertes impactos que el proceso de industrialización tuvo sobre la dinámica urbana de las ciudades latino americanas. De ser importantes centros comerciales vinculados a las actividades agrícolas y manufactureras, a mediados del siglo, en América Latina, muchas ciudades se convirtieron en núcleos de transformación de materias primas con grandes plantas industriales que impulsaron inicialmente la concentración demográfica y las actividades económicas, que a su vez, generaron un rápido proceso de urbanización articulado al desarrollo de las actividades industriales predominantes.
Hasta la década de los sesenta, se desarrolló en el centro de la ciudad una intensa actividad económica, pero el crecimiento acelerado de la ciudad fue desplazando progresivamente varias funciones de la «antigua Ciudad de México» hacia otras zonas. A partir de entonces, «el Centro» empezó a despoblarse y perdió varias funciones de centralidad en un contexto de desarrollo urbano cada vez más de dimensión metropolitana; el deterioro urbano en sus barrios populares se fue acentuando, y el «Primer Cuadro» se redujo cada vez más a un centro comercial y de negocios.

Desde entonces, y en particular, presionadas por los efectos de los sismos de 1985, algunas administraciones del Distrito Federal instrumentaron una serie de acciones encaminadas a la regeneración del «Centro Histórico». Sin embargo, estas iniciativas se concentraron en el «Primer Cuadro» o «Corredor Financiero», privilegiando la restauración de inmuebles patrimoniales. Mientras, el proceso de deterioro y segregación urbana se fue acentuando en la zona norte y oriente, donde hoy se concentra el mayor deterioro físico, junto con los mayores índices de descomposición del tejido social.

A partir de entonces, la dinámica socio - espacial de la «Antigua Ciudad de México», o «Centro Histórico de la Ciudad de México» ha sido marcada por el despoblamiento, el deterioro físico y la pérdida de varias de sus funciones centrales; en el contexto de un desarrollo urbano periférico desarticulado y huérfano de una centralidad metropolitana claramente definida, si no es por su carácter de «histórica».

El revertir este proceso de segregación urbana al interior del Centro Histórico se convierte en uno de los principales retos; es fundamental incentivar la actividad económica pero también lo es el instrumentar políticas y programas de vivienda y desarrollo social que den atención inmediata a la población residente, volviendo a dar vida («regenerar»), a los barrios de Santa María Cuepopan, San Sebastián Atzacoalco, San Juan Moyotla y San Pablo Zoquipa.

¿«Antigua Ciudad de México» o «Centro Metropolitano»?

Al finalizar el presente siglo, tanto, las transformaciones en las modalidades de producción y el desarrollo tecnológico aplicado a las comunicaciones, así como los cambios generados por la internacionalización de la economía mundial, han obligado a una reestructuración y relocalización de las plantas industriales de los sectores más importantes de la economía urbana, que han exigido también una refuncionalización económica, territorial y de gestión de la ciudad. Este es el gran reto del papel de la Ciudad de México en el concierto de competitividad mundial de las ciudades y de la atención a los rezagos sociales.

La metrópoli de la Ciudad de México con sus 17 millones de habitantes y sus mil 300 kilómetros cuadrados de superficie requiere de un claro proyecto de ciudad para su desarrollo en vísperas del próximo milenio. De ahí, la importancia que tiene el potencial de desarrollo de la «Antigua Ciudad de México» o «Centro Histórico de la Ciudad de México», pues a pesar de la pérdida de su importancia relativa en la economía de la ciudad, y del despoblamiento, constituye el centro simbólico de mayor importancia de la metrópoli y del país. Reúne un patrimonio construido de gran riqueza histórica, arquitectónica y urbanística con potencialidad suficiente para redefinir la centralidad metropolitana.

La construcción de la nueva centralidad del Centro Histórico de la Ciudad de México debe iniciar con el óptimo aprovechamiento de la riqueza y potencialidades de su patrimonio histórico y de su contexto urbano, de manera tal, que ofrezcan una alternativa viable para la refundación de la «Antigua Ciudad de México», con cabida para todos los sectores de la población, con la mayor diversificación económica posible, bajo el principio de fomentar un centro plurifuncional de gran heterogeneidad de población residente, usuarios, actividades y usos del suelo, que garantice la sostenibilidad social y económica de su territorio.

Mantener habitado el Centro Histórico con una definición muy precisa del destino del patrimonio construido es una tarea indispensable, pues actualmente tanto el patrimonio como la calle y los espacios públicos ya no son objeto de una apropiación colectiva, lo cual, favorece el deterioro del entorno urbano. Por ello, este proceso debe ser revertido, pero no en forma exclusiva a través del fomento turístico sino principalmente, de la apropiación colectiva cotidiana, tanto de sus residentes como de los usuarios, para reforzar la identidad al nivel de los barrios y de las calles.

La importancia de definir una estrategia para la regeneración y desarrollo integral del  Centro Histórico de la Ciudad de México radica no solamente en la necesidad de frenar el proceso de deterioro que actualmente lo aqueja, sino en fomentar al máximo sus potencialidades, para recuperar la dignidad del patrimonio que ahí se encuentra y ofrecer un espacio con mejor calidad de vida, primero a sus habitantes, pero también a sus usuarios y visitantes.

Esta definición estratégica deberá a su vez proporcionar mayor certidumbre a los distintos actores económicos y sociales que tienen intereses y proyectos en torno a este espacio, incluyendo inversionistas nacionales y extranjeros. Sin proyecto claramente enunciado, no podrá llevarse a cabo la necesaria (re) definición de la centralidad metropolitana así como la regeneración y desarrollo integral del «Centro Histórico», «Antigua Ciudad de México».

En síntesis, esta propuesta de Plan Estratégico está permeada por la convicción de que, en el proyecto de regeneración («rescate») de la Antigua Ciudad de México y de desarrollo integral de la misma, está en juego no sólo la recuperación y conservación de un patrimonio histórico y cultural, sino también la construcción de una nueva centralidad para una metrópoli de más de 17 millones de habitantes.

El desafío consiste en lograr que el gran peso que este espacio representa para la identidad nacional, sirva como uno de los motores para la (re)construcción, o «refundación» de la metrópoli del nuevo milenio, y no tenga como destino el de ser el museo de la historia de una Ciudad sin proyecto colectivo.

Un Patrimonio declarado, pero sin proyecto para su regeneración y desarrollo integral

El 11 de abril de 1980, la «Antigua Ciudad de México» fue declarada, por decreto presidencial, como Zona de Monumentos Históricos, creándose al mismo tiempo el Consejo del Centro Histórico con el fin de coordinar las acciones requeridas para su recuperación, protección y conservación.

El área patrimonial de 9.1 Km2 abarca un conjunto de 668 manzanas, alrededor de 9,000 predios y más de 1,500 edificios catalogados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). La Zona se encuentra protegida por la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, Históricas y Artísticas de 1972.  En 1987, fue declarada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.  El Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su parte, considera como patrimonio artístico muchos de los inmuebles construidos posteriormente a 1900 en la misma Zona.  Sin embargo, la declaración del Centro Histórico de la Ciudad de México como zona monumental no ha sido suficiente para que emergiera un proyecto integral que permitiera su conservación y rehabilitación.

A pesar del auge de la planificación urbana institucional a partir de la mitad de la década de los setenta, y de la elaboración de programas urbanos durante los años ochenta para las Delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, jurisdicciones político y administrativas que contienen al Centro Histórico, ha sido manifiesta la ausencia de un proyecto integral para este espacio estratégico de la ciudad.

La principal limitación de los ejercicios planificadores ha radicado en la definición exclusivamente normativa de los usos del suelo y en la falta de vinculación con sus implicaciones de orden metropolitano, así como en la ausencia de propuestas de intervención para fomentar su desarrollo.

En general, la planificación se ha limitado a la definición normativa de usos del suelo por zonas, sin que esté claro el proyecto urbano que esta normativa pretende guiar. Esta limitación se refleja en el Centro Histórico por la ausencia de acción gubernamental estructurada y la debilidad de las inversiones públicas, con las excepciones de las obras del METRO, y de la reconstrucción después de los sismos de 1985.

De 1969 a 1979 se construyeron 13 estaciones en las tres primeras líneas del sistema de transporte colectivo Metro, en 1989 inició sus funciones la línea 4 con dos estaciones en el centro, y en 1994 se agregó otra línea con tres estaciones en la zona; en total, 18 estaciones se localizan en el Centro Histórico, que actualmente canalizan los flujos de más de 600 mil pasajeros. Sin embargo, esta muy fuerte presencia de un transporte colectivo no contaminante en el Centro Histórico no logró desalentar el intenso tránsito de superficie y tampoco contribuyó a estructurar el espacio urbano al interior de la zona.

La segunda intervención urbana de cierta envergadura se dio a partir de una situación no planificada: el estado de contingencia generado después de los sismos de 1985. La respuesta parcial fue el programa de Renovación Habitacional Popular, una acción emergente de reconstrucción de vivienda para sectores de bajos ingresos, cuyo origen se atribuye a la presión y organización de los habitantes del centro de la ciudad para no abandonar sus lugares de residencia.

De los 4,075 inmuebles intervenidos por el Programa, 796 se localizaron dentro del Centro Histórico (beneficiando a 13,562 familias). Sin embargo, este fuerte impacto de la reconstrucción postsísmica se concentró en el perímetro «B»; en el perímetro «A» fueron rehabilitados solamente 127 inmuebles. Concebido como una acción viviendista, el Programa de reconstrucción no tuvo, como se esperó en un principio, un efecto significativo en cuanto al mejoramiento del entorno urbano.

Los diez últimos años se caracterizan por una escasa y dispersa inversión, tanto pública como privada, en el Centro Histórico. Se creó en 1990 el Patronato del Centro Histórico, el cual constituyó el 18 de diciembre del mismo año el Fideicomiso del Centro Histórico (FCH). El FCH tiene como objetivo «promover, gestionar y coordinar ante los particulares y las autoridades competentes la ejecución de acciones, obras y servicios que propicien la recuperación, protección y conservación del Centro Histórico, buscando la simplificación de trámites para su consecución»

A partir de 1991, el gobierno de la ciudad expidió un Acuerdo (renovado año tras año) en el que se establecen apoyos y estímulos fiscales, con el fin de promover obras de rehabilitación por parte de los particulares.

En el caso de los inmuebles catalogados por el INAH, se otorga un subsidio del  100% (desde 1997, 80%  para los catalogados  por el INBA) para los siguientes conceptos: a) impuesto predial durante las obras; b) impuesto sobre adquisición de inmuebles; c) contribución de mejoras; d) derechos de expedición de licencia de construcción; e) derechos de inscripción en el Registro Público de la Propiedad; f) derechos de expedición de licencias de subdivisión, relotificación o fusión de predios; g) derechos por el estudio y dictamen técnico de densidad.

Asimismo, desde 1990 la Ley del Impuesto sobre la Renta autoriza para estos inmuebles una reducción de la depreciación inmobiliaria de 20 a 10 años (es decir del 10% anual en vez del 5%). Tratándose de una deducción anticipada, se autoriza el 85% del monto de la inversión (en vez del 74%).  Por otra parte, la Secretaría de Hacienda autorizó en 1992 al FCH para recibir donativos deducibles de impuestos.

En siete años, los incentivos fiscales otorgados por el Gobierno de la Ciudad sumaron 50 millones de pesos, beneficiando las intervenciones que realizaron particulares e instituciones gubernamentales en 1,445 inmuebles , por un monto total de inversión de alrededor de 2,600 millones de pesos.  Si bien se demuestra así que con un apoyo presupuestal muy bajo se puede potenciar la inversión privada en el Centro Histórico, la experiencia de estos siete años evidencía que éste constituye una acción insuficiente por parte del gobierno de la ciudad.

En efecto, por una parte en sólo el 25% de los casos fueron obras de rehabilitación y 8% de reconstrucción. Las demás se limitaron a reacondicionar los espacios (34%) o bien a mejorar el aspecto de las fachadas (33%).  Pero sobre todo, se dejó a las leyes de la rentabilidad la definición tanto de la localización de los inmuebles como del uso de los espacios intervenidos.

El resultado ha sido que las inversiones se concentraran en el llamado «corredor financiero» del Centro Histórico y que, por otra parte, privilegiaran la rehabilitación para usos comerciales o de servicios, y el rescate de varios museos e iglesias.

El proceso dejo fuera el 90% del área urbana del Centro Histórico, así como el uso habitacional.

2. LA ANTIGUA CIUDAD DE MÉXICO, EN EL UMBRAL DEL NUEVO MILENIO

A pesar de representar sólo el 1% del área urbana del Distrito Federal, el Centro Histórico concentra los principales desafíos que caracterizan hoy en día a la ciudad en su conjunto: desempleo y subempleo, marginalidad y exclusión social, inseguridad pública y criminalidad, prostitución, mendicidad y drogadicción, congestión vial y contaminación, bajos niveles de escolaridad y de ingreso, déficits habitacionales, deterioro del entorno urbano y de la riqueza patrimonial, y conflictos entre diversos sectores sociales.

Deterioro urbano y habitacional

Despoblamiento

Durante los últimos 20 años, el Centro Histórico ha perdido la tercera parte de su población (más de 100 mil habitantes). Este fenómeno se atribuye principalmente a la conjunción de diferentes factores entre los que destacan: el deterioro de los inmuebles por su antigüedad en combinación con la ausencia de inversión en mantenimiento por parte de sus propietarios, la pérdida progresiva de vivienda en alquiler, los cambios en los usos del suelo que favorecen a comercios, oficinas y bodegas, la inseguridad pública y la mayor accesibilidad económica para adquirir vivienda propia en las periferias metropolitanas. Asimismo, los daños causados por los sismos de 1985 alentaron el abandono paulatino de la población.

De 1980 a 1990 se registró una tasa de crecimiento negativa en la delegación Cuauhtémoc de -3.2% y de 1990 a 1995 de 1.7% (Ocim-Cenvi: 1996). Considerando ese comportamiento demográfico, se estima que en 1998, la población residente del Centro Histórico podría ser de alrededor de 180 mil habitantes, aún a pesar del proceso de despoblamiento que se registra en el Centro Histórico, destaca la importancia específica que tiene en relación a la recepción de la población migrante, pues los recién llegados (menos de 5 años) representan una cuarta parte de la población total (Ocim-Cenvi: 1996).

Para el conjunto de la ciudad, el proceso de despoblamiento significa una subutilización creciente de los equipamientos urbanos, de los servicios públicos y del patrimonio edificado acumulados históricamente. En esas condiciones, es prioritaria la consolidación de la función habitacional, porque la conservación y aprovechamiento racional del patrimonio construido no puede lograrse en un lugar deshabitado.

Degradación y pérdida de la imagen urbana, del patrimonio construido y de los espacios públicos

El deterioro de la unidad y calidad urbana y arquitectónica de los barrios del Centro Histórico, y el abandono de los espacios públicos, no sólo deterioran la imagen urbana de esta zona patrimonial, sino que también favorecen las conductas antisociales y la violencia urbana. Al respecto, un importante factor del deterioro se atribuye a la presencia prácticamente permanente en muchas calles del centro, del comercio en vía pública, la falta de seguridad, la insuficiente iluminación en calles y plazas y al deficiente servicio de limpia.

En las últimas décadas se han perdido algunas de las características más importantes de la estructura urbana; el proceso de despoblamiento y de descapitalización crearon vacíos que han sido ocupados por actividades informales; las calles han devenido en un medio de comunicación masivo que han propiciado la banalización de las estructuras materiales en el Centro Histórico.

Por su parte, el patrimonio construido se ha visto seriamente afectado por la competencia del control del espacio urbano donde predomina la intención de rentabilizar el uso del suelo mediante la construcción de edificios con alta densidad, que pone en desventaja la recuperación de edificios antiguos y deteriorados. En este proceso, ha sido determinante la falta de congruencia operativa de la aplicación del marco normativo para la conservación del patrimonio, con el de planificación urbana y los reglamentos de construcción.

Asimismo, influyen otros factores de orden cualitativo, pues el decreto de 1980 incluyó, en su declaratoria de Zona Monumental, a dos colonias que se identifican claramente por su contenido patrimonial y fracciones de 15 colonias de las dos delegaciones centrales con escasos valores patrimoniales y con fisonomía y estructura urbana diferente; pero por otra parte, se excluyó a otras colonias, que por sus atributos arquitectónicos y urbanísticos podrían  haber sido consideradas (Mercado y Asociados: 1997). Lo anterior indica que una tarea adicional es el estudio y catalogación de los valores patrimoniales con el propósito de acrecentar progresivamente el acervo de la ciudad.

Congestionamiento vial y deterioro ambiental

La ausencia de un sistema de transporte masivo no contaminante de superficie en el centro y las deficiencias del actual en cuanto a su articulación a la red metropolitana, continua incentivando el uso del automóvil particular y de unidades de transporte colectivo inadecuado como los microbuses, y de otras modalidades que inicialmente se pensaron apropiadas como los "bicitaxis", pero que sólo han contribuido a entorpecer la circulación y generar grupo (os) de poder económico y político que se disputan permanentemente el control de las calles.
A lo anterior, se suma el estacionamiento de vehículos en la vía pública y las operaciones de carga y descarga de mercancías que contribuyen a la baja velocidad del tránsito y al aumento de la contaminación atmosférica, agravada en esta zona por la notoria ausencia de áreas verdes. Otro problema es la contaminación producida por la eliminación de residuos sólidos, que se atribuye principalmente al deficiente servicio de limpia.

Estancamiento económico y pobreza urbana

Pérdida de actividades y empleos productivos y terciarización de la economía

La desconcentración, primero local y luego regional y nacional, de importantes actividades económicas radicadas anteriormente en el Centro Histórico y áreas circundantes, además de provocar el abandono y deterioro de muchos inmuebles, ha generado una pérdida significativa de las fuentes de empleo, que no ha sido siempre reemplazadas por nuevas actividades productivas.
En todo caso, se ha generado una amplia terciarización de las actividades económicas donde coexisten los sectores más modernos con el predominio de actividades de sobrevivencia e "informales".

Aumento de la economía de sobrevivencia e "informal"

Como producto de las recurrentes crisis económicas a nivel nacional, el Centro Histórico se ha convertido en el espacio de sobrevivencia para miles de familias que encuentran fuentes de ingresos en actividades diversas: comercio en la vía pública, pero también, mendicidad disfrazada en "servicios" a la población usuaria -"lavacoches", "cuidadores" de automóviles, "limpia parabrisas"-, prostitución y algunas prácticas vinculadas directa o indirectamente a la delincuencia organizada.

El comercio en vía pública genera constantes conflictos por el uso y control de la calle, muchos de ellos con violencia. Esta actividad entorpece la circulación peatonal y vehicular; opera en condiciones de insalubridad, produce suciedad y genera puntos de alto riesgo por el frecuente manejo de cilindros de gas para la preparación de alimentos y por las improvisadas conexiones a fuentes de energía eléctrica; contamina visual y auditivamente las calles, y con frecuencia bloquea los accesos de circulación de gran importancia, como en centros médicos de atención de emergencias, escuelas y de transporte masivo, además de dificultar o imposibilitar la circulación de la población con discapacidades físicas.

Aumento de la vulnerabilidad económica y social de diversos sectores de la población

Una proporción creciente de los grupos sociales más vulnerables -indígenas, niños en situación de calle, indigentes, adultos mayores, discapacitados, personas con adicciones, trabajadoras del sexo, madres solteras adolescentes- se concentran en el centro de la ciudad y constituye la población que frecuentemente ocupa los edificios más insalubres y de alto riesgo estructural en la zona o definitivamente han sido orillados a vivir en la calle.

Gestión urbana y gobernabilidad

Carencia de planificación y acciones integrales

No ha existido una concepción integral que vincule la regeneración urbana y habitacional con el desarrollo económico y social del centro de la ciudad. El Centro Histórico "sufre" la intervención desarticulada de más de 20 instituciones locales y federales de gobierno.

La falta de congruencia y unidad de acción administrativa y de gobierno dificulta, a veces imposibilita, la gestión de los más elementales aspectos de orden urbano y de convivencia social, como la seguridad pública, la recolección de basura, el mantenimiento de espacios públicos y la aplicación de las normas básicas de buen gobierno.

Predominio de una cultura clientelar y corporativa

Las prácticas clientelares y corporativas están profundamente internalizadas en la población hasta el punto de constituir una verdadera cultura, que terminan por asumir como formas legítimas de intermediación entre la sociedad y el gobierno, la dependencia respecto a un líder, la negociación permanente del incumplimiento de las normas y la aceptación pasiva de las decisiones discrecionales del gobierno en turno.

Los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad han sido también, los más dependientes de esta cultura, que en el Centro Histórico subyace a la casi totalidad de programas y acciones de gobierno, como la autorización del comercio en la vía pública, de "giros negros", la prestación de servicios como los "bicitaxis" y la ejecución de programas de vivienda de interés social, apoyo alimentario o a la salud, entre otros.

Potencialidades

A pesar de la gran cantidad y complejidad de los problemas enumerados, el Centro Histórico de la Ciudad de México reúne la mayor parte de los factores para emprender su regeneración y desarrollo integral:
 

En su toma de posesión como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas estableció como prioritaria la regeneración del Centro Histórico de la Ciudad de México:

«Regenerar material, social y económicamente el centro de la ciudad, que está sufriendo un proceso de deterioro general y de despoblamiento pero que al mismo tiempo cuenta con un rico patrimonio arquitectónico y cultural, de importante potencialidad económica, constituye uno de los programas prioritarios para este gobierno.

Próximamente habrán de presentarse los proyectos y propuestas específicos a los habitantes de las zonas céntricas de la ciudad, así como a sectores académicos y financieros para buscar el concurso de todos y lograr que el centro vuelva a ser, en todos los sentidos, parte vital de la vida económica, cultural y social de la capital, que ofrezca vida digna a quienes ahí moren y trabajen, con viviendas mejores y viviendas nuevas, con extensas áreas comerciales, instalaciones culturales, talleres e industrias que den sustento y consoliden la renovación».

Es en el marco de esta voluntad política que el Fideicomiso del Centro Histórico recibió la encomienda de elaborar
una propuesta de Plan Estratégico para la Regeneración y Desarrollo Integral del Centro Histórico de la Ciudad de México.

Esta encomienda, concierne tanto la definición de estrategias de largo alcance como la elaboración de una cartera de proyectos prioritarios para el corto plazo.

Se planteó tener propuestas concretas, en un plazo de tiempo muy corto dado el tamaño de la tarea, en lo que se refiere a:

El diseño de instrumentos, legales, financieros, fiscales, reglamentarios, de participación ciudadana, etc. constituye una tarea prioritaria del Plan. Hemos padecido demasiado de Programas correctamente planteados en términos de estrategias y políticas, pero escasamente dotados de instrumentación para la acción.

Una forma de explorar un camino alternativo consiste en dar tanto, o más importancia, al diseño de proyectos que a la definición de objetivos, políticas y estrategias. La definición de proyectos, desde el principio del proceso de elaboración del Plan, obliga a plantear la cuestión difícil de los instrumentos para la acción y a pensar el Plan, con sus grandes líneas estratégicas, desde esta cuestión fundamental.

Es en este sentido que el Plan Estratégico se concibe como un instrumento en permanente elaboración, evaluación y adecuación, cuyo desarrollo sólo puede darse a la luz del diseño de proyectos y de su instrumentación operativa.

Esta propuesta de Plan Estratégico quisiera contribuir, en el marco de la planeación participativa impulsada por el actual gobierno democrático del Distrito Federal, a concretar dicha planeación democrática. Más que buscar la participación de los distintos actores implicados en la discusión de un Plan (difícilmente entendible y apropiable, por parte de la mayoría de la población), se propone espacios participativos en torno a la discusión de proyectos concretos, y de instrumentos para la acción compartida entre gobierno y sociedad.

Esta «pedagogía del proyecto», si se sabe inscribir dentro de un proceso abierto de discusión de un proyecto más global para el Centro Histórico, debería concretizar - así lo esperamos - «una nueva forma de gobierno» (subtítulo del Plan de Gobierno del Ing. Cárdenas: Una Ciudad para Todos).
 
3. ESTRATEGIAS GENERALES DE INTERVENCIÓN

Integralidad en la concepción y realización de acciones

El Plan Estratégico para la Regeneración y el Desarrollo Integral del Centro Histórico de la Ciudad de México que aquí se propone, busca sustentarse sobre una concepción integral de intervención, al vincular la atención de problemas sectoriales entre sí y con el territorio, para lograr un impacto significativo sobre las distintas problemáticas.

La integralidad del Plan y de los proyectos, tanto en su diseño como en su aplicación, requiere:
 

Amplia participación y consenso ciudadano

La regeneración del Centro Histórico sólo puede concebirse como un asunto de interés de la ciudad en su conjunto, de ahí la necesaria implicación de los distintos grupos e intereses involucrados en el proceso de diseño y en la ejecución del Plan.

A nivel local es fundamental e igualmente importante la participación de los propietarios de inmuebles, organizaciones de inquilinos y solicitantes de vivienda; comerciantes establecidos y en vía pública, restauranteros y hoteleros, así como de los niños en situación de calle, indígenas y otros grupos afectados por la pobreza.

A nivel del conjunto de la ciudad y del país, es necesaria la participación y coordinación de las instituciones federales -INHA, INBA, SEDESOL- colegios de profesionales, universidades, organizaciones no gubernamentales y patronatos de la iniciativa privada. La consigna es: un Centro Histórico para todos, es una tarea de todos.

Heterogeneidad y pluralidad: base de un proceso fundado en la equidad y sustentabilidad democrática del desarrollo

Los barrios de la «Antigua Ciudad de México» han desempeñado un papel importante de la centralidad de la ciudad hasta los años cincuenta, aproximadamente, pero su estado actual de abandono y degradación física y social los marginó progresivamente de este protagonismo, y los marcó del estigma de la violencia y la criminalidad

Es por ello que el imaginario colectivo tiende a reducir el «Centro Histórico» al antiguo sector financiero y a la zona monumental de la «Ciudad de los Palacios», de la Plaza Mayor colonial (la Plaza de la Constitución o «Zócalo») y del Templo Mayor de la Gran Tenochtitlán.

Sin embargo, el «Centro Histórico» de la Ciudad de México no puede ser restringido al área monumental de la Plaza de la Constitución, la Catedral, el Templo Mayor y las calles de 5 de Mayo, Madero, o 16 de Septiembre; debe también incluir a  La Merced, La Plaza del Estudiante, Garibaldi o el Mercado de San Juan.

En su conjunto, los antiguos barrios de la Antigua Ciudad de México - Santa María Cuepopan, San Sebastián Atzacoalco, San Juan Moyotla y San Pablo Zoquipa - forman una "herradura" alrededor del centro monumental cuyos elementos comunes son el deterioro urbano, la ausencia de inversiones públicas y privadas y las malas condiciones físicas de la vivienda. Sin embargo, cada uno tiene características propias.

Santa María Cuepopan

Se localiza al norponiente del Templo Mayor entre las calles de República de Ecuador al norte y, Tacuba, Eje Central Lázaro Cárdenas y República de Cuba al sur; Valerio Trujano y Paseo de la Reforma al poniente y República de Chile al oriente. Este barrio contiene entre otras, a las plazas Aquiles Serdán, Garibaldi, Santa Veracruz, La Concepción y Montero.

Destacan entre sus principales funciones, las de vivienda para sectores populares, comercio, turismo popular y servicios de apoyo, y algunas actividades de manufactura.

San Sebastián Atzacoalco

Se ubica al norte del Templo Mayor entre las calles de República de Costa Rica al norte y Justo Sierra y Mixcalco al sur; al poniente se extiende hasta República de Argentina y Manuel Doblado al oriente. Las plazas más importantes son del Estudiante, Torres Quintero y Loreto. Predomina la vivienda popular, la industria ligera y el comercio establecido y en la vía pública.

Se trata de la zona que presenta el mayor grado de deterioro habitacional dentro del Centro Histórico, así como los mayores índices de violencia, delincuencia, drogadicción y actividades delictivas.

San Pablo Zoquipa

Se localiza al suroriente del Templo Mayor, entre las calles de República de El Salvador al norte y Fray Servando Teresa de Mier al sur; entre Correo Mayor y el Callejón San Miguel al poniente y Anillo de Circunvalación Eje 1 Oriente en esta dirección.

Este barrio recibe una gran influencia por su colindancia inmediata con el mercado de La Merced. Se encuentran las plazas de Alonso García Bravo, General Anaya, Juan José Báez -comúnmente conocida como "El Aguilita"- y el Parque del Conde. Destacan las actividades de abasto, comercio establecido y en vía pública, la manufactura de textiles y la vivienda deteriorada.
 
San Juan Moyotla

Es el antiguo cuadrante con la menor densidad de patrimonio construido, razón por la cual, es el más susceptible a experimentar intervenciones arquitectónicas diferentes al contexto urbano que predomina en el Centro Histórico. Este tipo de intervenciones también son favorecidas por su cercanía con el sector de la Alameda y el Paseo de La Reforma. Se encuentra al surponiente del Templo Mayor. Sus límites lo forman las calles de Venustiano Carranza al norte y Arcos de Belén al sur; Revillagigedo al poniente y Aldaco al oriente.

Se encuentran dentro de su área de influencia las plazas de Santos Degollado, Pacheco, San Juan y Vizcaínas. Predominan en las colindancias con la Alameda: la vivienda, comercio especializado, turismo, recreación y las oficinas. Al sur, vivienda, abasto, comercio, servicios y hotelería.

Reinsertar estos antiguos barrios de la Ciudad de México dentro de la  estructura urbana del «Centro Histórico» actual es entonces una tarea estratégica que permitirá rescatar la riqueza de la heterogeneidad socio económica y cultural que caracterizaba la antigua Ciudad de México, sobre la base de la pluralidad, tanto de sus funciones y de sus usos, como de su población residente.

Es por ello que el revertir el proceso de segregación urbana al interior del «Centro Histórico» se convierte en uno de los principales retos.

Reincorporar al desarrollo del «Centro Históricos» sus barrios más deprimidos implica una acción integral. Es fundamental incentivar la actividad económica pero también lo es ei instrumentar políticas y programas de vivienda
y desarrollo social que den atención inmediata a la población residente, volviendo a dar vida(«regenerar»), a los barrios de Santa María Cuepopan, San Sebastián Atzacoalco, San Juan Moyotla y San Pablo Zoquipa.

Esto implica contar con una estrategia socio-espacial claramente definida y consensada entre todos los actores.


En síntesis, esta propuesta de Plan Estratégico propone como imagen objetivo una nueva estructura urbana del Centro Histórico, que sea el producto del rescate de la diversidad socio espacial de los cuatro principales barrios de la «Antigua Ciudad de México», de su nueva vinculación con el llamado «Primer Cuadro», así como de su articulación espacial mediante el mejoramiento del sistema de vialidad y transporte dentro del Centro Histórico, y también la creación de varios corredores urbanos de uso predominantemente peatonal, definidos estratégicamente a partir de una excepcional existencia de plazas públicas y jardines.

En este sentido, la integración y articulación socio espacial de los antiguos barrios deberá apoyarse estratégicamente sobre un proceso de rescate y apropiación social de los espacios abiertos, particularmente de las plazas, que constituyen el espacio público por excelencia.

Por otra parte, deberá progresivamente extenderse hacia estos cuatro barrios las acciones de conservación del patrimonio y de desarrollo de la actividad turística que hasta ahora han hegemonizado el «Primer Cuadro» monumental y el «corredor financiero».
 
4. OBJETIVOS Y ESTRATEGIAS DE ACTUACION

OBJETIVO GENERAL

Reconstruir democráticamente una nueva centralidad metropolitana, a partir de la regeneración y desarrollo integral de la «Antigüa Ciudad de México», el rescate de la riqueza histórica de su estructura socioespacial, la preservación y conservación de su patrimonio histórico tanto urbano como edificado, la rehabilitación de su función habitacional socialmente heterogénea, y el fortalecimiento de su tejido económico y social.
 
OBJETIVOS PARTICULARES

 

Cuadro de Líneas Estratégicas

5. RESCATE DE LA CENTRALIDAD

La regeneración de los centros históricos ha sido no pocas veces concebida como la rehabilitación o la substitución de construcciones deterioradas, sin una visión de conjunto. Enfrentar la problemática del centro en forma integral implica, en primer término, dar la misma prioridad a la rehabilitación de los espacios abiertos que a la de las edificaciones. El «centro histórico» no puede entenderse solamente como un conjunto de edificios patrimoniales, es un conjunto urbano complejo, es la «Antigua Ciudad de México».

Es por ello que el Plan quiere dar una gran importancia, como estrategia, a todas las acciones dirigidas a rehabilitar ciertas  funciones de la centralidad de lo que llamamos «el Centro Histórico», sin por ello desconocer que muchas funciones centrales se encuentran hoy en día espacialmente dispersas dentro de la metrópoli.

El rescate de la centralidad metropolitana, que se piensa debe asegurar el Centro Histórico, implica definir una estrategia adecuada que permita la accesibilidad propia de un Centro, sin que ésta signifique el congestionamiento de sus espacios públicos y se haga en detrimento de la calidad de vida de la población residente. El tamaño de este desafío está dado por el millón de personas que, se estima, conforman la población flotante diaria.

El Plan propone como estrategia la apropiación del espacio por parte de la población residente. En efecto, se piensa que el deterioro físico y social que padece el Centro Histórico, si bien es una consecuencia de la progresiva desapropiación del centro por parte de la mayoría de los habitantes de la ciudad, es también el reflejo de la pérdida de identidad social y cultural de sus propios habitantes, y que es sobre el rescate de esta identidad que el proceso de regeneración debe apoyarse, prioritariamente aunque no en forma exclusiva.

Una importante consecuencia de la pérdida de la apropiación colectiva de la centralidad es la degradación del patrimonio urbano del Centro Histórico, que se expresa en la pérdida del simbolismo y fortaleza de sus plazas y jardines, así como en la privatización de parte de sus calles.

Al mismo tiempo, se genera un deterioro progresivo de otros ámbitos; los más evidentes siendo, por un lado la debilidad crónica de la gobernabilidad y del orden jurídico, que propicia la aparición de prácticas ilegales y delictivas, y por otro lado la inseguridad pública.

En este contexto, el uso del espacio público se convierte en foco de conflictos entre distintos intereses particulares, con propensión a reproducir una cultura de la ilegalidad y la informalidad, que se apoya en segmentos de corrupción del gobierno y del ejercicio de prácticas corporativas.

La recuperación colectiva de los espacios abiertos (plazas, jardines, áreas peatonales en las calles) constituye una acción prioritaria que se concibe, primero como una acción de rehabilitación del hábitat de la población residente, y en segundo término como de apoyo al disfrute de la población que visita la zona diariamente.

Los espacios públicos deben ser objeto de cierta apropiación social, sin la cual las obras de rehabilitación física no tienen durabilidad. Las acciones de mejoramiento del espacio público son múltiples y deben entenderse como complementarias. Por otra parte, tanto su diseño como ejecución tienen que diseñarse en función de la posibilidad de que la población residente (se considera que los que trabajan y comercian en la zona, son también aquí «residentes») se involucre en ellas.

La iluminación de calles, plazas y monumentos constituye una acción prioritaria, por varias razones. En primer lugar, porque tiene una incidencia directa sobre la seguridad, la cual constituye hoy por hoy el primer reclamo de la población, tanto residente como visitante. En segundo término, porque la iluminación constituye un elemento importante de valorización del patrimonio monumental. En tercer lugar, la luz permite el uso nocturno del Centro Histórico, y es justamente a partir del atardecer (a parte de los fines de semana), cuando la población encuentra los momentos propicios par el descanso y el ocio, al margen de la jornada laboral. La noche, por otra parte, es también el momento cuando se da la mayor parte de la oferta recreativa y cultural (teatro, cine, conciertos, etc.).

La iluminación induce el paseo nocturno por el Centro Histórico, práctica que ha sido abandonada desde hace tiempo, particularmente durante los últimos quince años de crisis recurrente. Constituye, a su vez un importante factor de apoyo al proceso de repoblamiento de las áreas turísticas comerciales, de oficinas y museos del Centro Histórico, que se encuentran hoy en día convertidas en «tierra de nadie» una vez terminada la jornada laboral.

En síntesis, la regeneración del Centro Histórico no concierne solamente a su patrimonio construido, sino también al rescate de la centralidad de esta zona patrimonial, en su contexto metropolitano y a su interior. Es decir; se trata de revalorizar el Centro Histórico y asegurar su dinamismo y vitalidad, en tanto las funciones estratégicas de la centralidad constituyen una condición necesaria para propiciar su regeneración y desarrollo sustentable en términos económicos y sociales.

La necesidad de revitalizar las funciones de centralidad del Centro Histórico es algo pocas veces reconocido, pero sin lo cual, la ciudad en su conjunto pierde un elemento fundamental para la constitución de la ciudadanía, además de perder en eficiencia al desaprovechar un patrimonio ahí acumulado a lo largo de su historia.
Es en esta búsqueda de redefinición y revitalización de la centralidad del Centro Histórico, que se proponen las siguientes líneas de acción:

1. Reordenamiento vial y del transporte

Proyecto:
Elaboración de un Programa de Vialidad y Transporte integral para el Centro Histórico.

2. Relocalización, aprovechamiento y/o construcción de estacionamientos

3. Rehabilitación de la imagen urbana 4. Recuperación colectiva del espacio público (plazas y jardines) Proyectos:
- Rehabilitación de la Plaza Mayor de la Antigua Ciudad de México y calles adyacentes. Concurso Internacional.
- Rehabilitación integral de las plazas Santos Degollado, San Juan, Juan José Báez «El Aguilita», La Concepción, El Estudiante, Santo Domingo, Vizcaínas, Loreto y Callejón de Ecuador, con una fuerte participación vecinal.

5. Recuperación de conjuntos urbanos  patrimoniales

Proyectos:
- Rescate del Atrio y Claustro del Convento de  San Francisco.
- Mejoramiento del entorno urbano de los exconventos de La Merced, Santo Domingo, Balvanera, La Concepción, San Fernando, Regina y San Jerónimo.

6. Ampliación y mayor difusión de la oferta cultural del Centro Histórico
 

Proyectos:
- Rehabilitación de Guatemala 18, para actividades culturales de la Embajada de España.
- Rehabilitación de los teatros de la Ciudad y del Pueblo.
- Construcción de cines de arte como extensión de la Cineteca Nacional.
- Construcción del Museo del Artista
- Rediseño y mayor proyección del Museo de la Ciudad de México.
- Cartelera cultural mensual del Centro Histórico.

7. Desarrollo y regulación de las actividades nocturnas de cultura y esparcimiento

Proyectos:
- Elaboración de un «Plan Luz» para el conjunto del Centro Histórico.
- Iluminación monumental de las Plazas de la Constitución, Santo Domingo, Tolsá y Seminario, entre otras, así como de los principales monumentos.
- Recorrido nocturno por parte de los «tranvías» del Fideicomiso del Centro Histórico.

8. Arborización adecuada de calles y plazas

Proyectos:
-Arborización inicial de las calles 20 de Noviembre, Pino Suárez, Moneda,
-Seminario, 16 de Septiembre, 5 de Mayo, Tacuba, Palma, Motolinía, Gante, Eje Central Lázaro Cárdenas y Juárez; en las plazas de El Aguilita, Estudiante, Callejón de Ecuador, Santo Domingo, entre otras.

9. Seguridad pública con participación ciudadana

Proyectos:
- Mejoramiento de las instalaciones del Ministerio Público Numero 1 en Plaza del Estudiante.
- Promoción de los Comités Ciudadanos para la Prevención del Delito y para la contraloría social del desempeño de los efectivos de policía.

6. REGENERACIÓN HABITACIONAL

Durante los últimos 20 años, el Centro Histórico ha perdido la tercera parte de su población (más de 100 mil habitantes). Este despoblamiento se atribuye a la conjunción de diferentes factores, entre los que destacan: el deterioro de los inmuebles por su antigüedad y uso intensivo, en combinación con la ausencia de inversiones para su mantenimiento; la pérdida progresiva de vivienda en alquiler; los cambios en los usos del suelo que favorecen a comercios, oficinas y bodegas; la inseguridad pública; y, la difusión de distintas alternativas de acceso a la propiedad de la vivienda en las periferias de la Metrópoli.

En 1990, los 200,000 pobladores del Centro Histórico habitaban 48,000 viviendas, de las cuales el 42% eran viviendas en arrendamiento. Una proporción significativa mostraba graves deficiencias en cuanto a área habitable (33% era de un solo cuarto) y, sobre todo, en la calidad de la construcción. El Centro Histórico de la Ciudad de México se caracteriza por concentrar un importante número de inmuebles que se consideran de «alto riesgo», muchos de los cuales son catalogados como monumentos históricos o artísticos. Cálculos conservadores señalan que existen 180 inmuebles en esta situación, habitados por aproximadamente 2,000 familias.

El deterioro habitacional se expresa también por la existencia de un importante universo de predios baldíos, edificios en ruinas abandonados, inmuebles subocupados o con usos incompatibles con la conservación de los mismos (bodegas). Según un Censo reciente levantado por la Asociación de Residentes de la Colonia Centro (usos por niveles en 3,840 edificios), el segundo uso de la zona (después de la vivienda en 1,551 inmuebles) son las bodegas (uso presente en 1,043 inmuebles).

Otro elemento importante es la existencia de cerca de 300 predios, ocupados por alrededor de 2,600 familias, que se encuentran vinculadas a distintas organizaciones sociales constituidas en «demandantes de vivienda». Dentro de este universo, 9 predios son habitados por aproximadamente 450 familias pertenecientes a diferentes comunidades indígenas.

Para el conjunto de la ciudad, el proceso continuo de despoblamiento del Centro Histórico significa una subutilización creciente de los equipamientos y servicios públicos acumulados históricamente. En consecuencia, la consolidación de la función habitacional constituye un objetivo estratégico para mantener un Centro Histórico vivo, sin lo cual su regeneración integral no podrá alcanzarse.

Los desafíos son múltiples:

a) Rescatar el uso habitacional en parte del patrimonio histórico. Una cantidad importante de los edificios patrimoniales tienen uso habitacional, pero la progresiva incorporación de comercios, bodegas y oficinas ha transformado sus usos y desplazado a la vivienda.

Respecto a la rehabilitación habitacional de edificios catalogados, es de reconocer que tanto arquitectos como financiadores, constructoras y los mismos vecinos se encuentran con una problemática todavía poco conocida, en cuanto a costos, reglamentos y técnicas de restauración-rehabilitación que permitan mantener el uso habitacional del patrimonio para familias de escasos ingresos.

b) Lograr una mezcla adecuada entre vivienda y actividades económicas en los inmuebles. Existe un universo muy importante en ciertas áreas (por ejemplo el llamado «corredor financiero») de inmuebles con las plantas altas desocupadas (80% en ciertas manzanas) que podrán alojar de nuevo a la vivienda.

Lograr la mezcla de usos: comercio en planta baja / viviendas en las plantas altas es un objetivo a la vez que una estrategia. Es un objetivo, pues busca repoblar ciertas áreas del Centro Histórico. Pero es también una estrategia, pues  el Plan busca apoyarse sobre ella para generar subsidios cruzados a favor de la rehabilitación de las viviendas, desde el uso comercial más rentable hasta el uso habitacional.

Concretar este objetivo y esta estrategia implica una revisión y adecuación de un amplio conjunto de normas que actualmente los imposibilita. Los planos de uso del suelo de los Programas Parciales de Desarrollo Urbano del Centro Histórico tendrán que innovar en la materia, estableciendo tablas de usos permitidos y prohibidos, por nivel de construcción, y no solamente por zonas. Sin embargo, se tendrá también que encontrar instrumentos de otra índole, pues la convivencia dentro de un mismo inmueble de usos con rentas excesivamente distintas aparece casi como una «violación» utópica a las leyes del mercado inmobiliario.

c) diseñar ofertas de vivienda para distintos niveles socioeconómicos. La regeneración habitacional del Centro Histórico debe contemplar la diversidad socioeconómica de sus habitantes, so pena de hipotecar parte de la sustentabilidad económica del proceso de regeneración de la zona.

Para los sectores de bajos ingresos, las estrategias que deberán guiar el diseño del Programa de Vivienda para el Centro Histórico tendrán que superar los dos principales obstáculos que han impedido, hasta ahora, una acción significativa de rehabilitación del parque habitacional popular: a) la brecha entre los ingresos de la población y los costos de la rehabilitación; y, b) la inexistencia de un sistema de crédito hipotecario apropiado a la problemática del Centro Histórico.

El Plan propone trabajar sobre las siguientes bases:

- dado que alrededor del 50% de los hogares no pueden acceder a un crédito que financie la rehabilitación definitiva de las viviendas, crear un sistema de microcréditos revolventes en apoyo a la rehabilitación progresiva de las mismas;

- instituir un Fondo de Salvamento, con donativos de la iniciativa privada, que permita subsidiar el 30% del costo de la rehabilitación de los edificios catalogados como patrimoniales, habitados por hogares de bajos recursos;

- institucionalizar un sistema de subsidios diferenciados por parte del Instituto de Vivienda de la ciudad.

La acción habitacional del nuevo gobierno de la ciudad deberá priorizar, entre otros, el universo de más de 80 inmuebles que fueron adquiridos por los inquilinos, durante los últimos años, con el apoyo del Fideicomiso Casa Propia. Esta institución, creada a finales de los años 80, si bien pudo financiar la compra de inmuebles por parte de los habitantes con fondos presupuestales aportados por el gobierno del Distrito Federal, no contó con los recursos suficientes para financiar su rehabilitación, y no encontró tampoco en el sistema bancario de la llamada «vivienda de interés social» una fuente de financiamiento adecuada.

En cuanto a la vivienda para sectores de ingresos medios, el Plan propone encauzar su producción a través de la vivienda en renta.

d) Generar una nueva oferta de vivienda en renta, en particular de alquiler medio. Si bien una condición para la rehabilitación de la vivienda popular parece pasar forzosamente por el acceso de los inquilinos a la propiedad de las viviendas que habitan, existen varios indicios que no es así para la vivienda media.

Se piensa que existe una demanda no satisfecha de vivienda en arrendamiento, por parte de ciertos sectores de ingresos medios, que un Programa de Vivienda integral debería atraer a «Vivir en el Centro» (lema de un proyecto que el Fideicomiso del Centro Histórico intentó- sin éxito - impulsar en años anteriores).

La experiencia internacional parece mostrar que se trata de sectores de clase de edad joven, de parejas recién formadas o de personas solas, como también de un porcentaje significativo de extranjeros, para los cuales la adquisición de una vivienda en propiedad no representa una alternativa adecuada de alojamiento, y que están - por otra parte - dispuestos a «soportar» ciertos inconvenientes de vivir en el centro, y que incluso tienden a valorar el estilo de vida que la centralidad ofrece.

La regeneración habitacional del Centro Histórico debe asegurar la diversidad socioeconómica de sus habitantes mediante un conjunto de programas y proyectos que se exponen a continuación.

1. Ampliación y diversificación de la oferta de vivienda

Proyectos:
- Revisión de los distintos Acuerdos que otorgan subsidios fiscales y facilidades administrativas para el Centro Histórico así como para programas de vivienda.
- Elaboración de un Programa de Vivienda para el Centro Histórico que parta de una evaluación muy precisa de la demanda habitacional.

2. Rescate del uso habitacional en edificaciones patrimoniales

Proyecto:
- Creación de un Fondo de Salvamento para subsidiar parcialmente, por medio de donativos privados, los sobre-costos que representa, para los habitantes, la rehabilitación habitacional de edificios patrimoniales.

3. Intervención emergente de edificios de alto riesgo estructural

Proyectos:
- Creación este año de un Fondo Revolvente para la rehabilitación progresiva de inmuebles previamente adquiridos por inquilinos.
- Campaña de difusión de la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos dirigida a los propietarios-arrendadores en torno a sus obligaciones.
- Campaña de protección civil dirigida a los inquilinos sobre el peligro de ocupación de edificios en alto riesgo estructural.

4. Rehabilitación definitiva del parque habitacional de los sectores populares

Proyectos:
- Programa de Vivienda para Grupos Indígenas en convenio con el Instituto Nacional Indigenista (primera acción en inmueble ubicado en República de Cuba N° 53).
- Rehabilitación de viviendas en el polígono de actuación prioritaria de San Sebastián Atzacoalco (calles de Argentina, Brasil, Honduras, Perú, Apartado).
 
5. Programa de vivienda nueva en lotes baldíos y edificios ruinosos 6. Generación de una oferta de vivienda de alquiler de nivel medio

Proyectos:
-Promoción, por parte de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal ante el H. Congreso de la Unión, en el marco de la Ley de Coordinación Fiscal, de una iniciativa de reformas a la Ley del Impuesto sobre la Renta, con finalidad de alentar la inversión sobre inmuebles destinados al alquiler en el Centro Histórico.
-Regeneración habitacional de la manzana formada por Donceles, Rep. de Argentina, Rep. de Brasil y Rep. de Guatemala.
-Programa de vivienda en renta para funcionarios públicos que laboran en el Centro Histórico, diputados federales y senadores.

7.  DESARROLLO ECONÓMICO

Durante las últimas décadas, la economía del Centro Histórico ha experimentado una transformación paulatina que, en primera instancia, derivó en la pérdida de la mayor parte de las actividades del sector industrial y en el incremento de la participación de las actividades de los sectores del comercio y los servicios.

De hecho, estos procesos marcaron la pauta de la problemática económica de la zona en la actualidad, por ejemplo, el registro de altos grados de especialización de algunas calles y micro zonas, donde destacan el comercio, el turismo, los servicios profesionales y financieros, y algunas ramas de la industria manufacturera (actividades que han logrado insertarse en los mercados nacionales y regionales de manera significativa, que además, muestran elevados patrones de competitividad por razones que varían de acuerdo a la actividad de que se trate).

Según el Censo Económico de 1994, el Centro Histórico contaba con 39,480 unidades económicas que generaban 183,228 empleos. Del análisis de los datos censales, se desprenden un conjunto de conclusiones en torno a la actividad económica del Centro Histórico, entre las cuales destacan las siguientes.

El sector económico dominante (las 2/3 partes) es el comercio, seguido por los servicios y en tercer lugar la industria. Si recordamos que el Centro Histórico representa sólo el 28% del territorio de la Delegación Cuauhtémoc y apenas el 1.5% del Distrito federal, el peso relativo que tienen sus actividades económicas y el empleo generado, en relación a la Delegación y al conjunto de la ciudad es realmente muy significativa.

Las actividades comerciales del Centro Histórico representan 85.1% de las unidades económicas y el 65% del empleo de toda la Delegación Cuauhtémoc para este sector económico. En relación al conjunto del mismo sector comercio para el conjunto del Distrito Federal, el Centro Histórico participa con el 15.6 % del total de las unidades económicas censadas y el 14.8 % del personal ocupado (Véase el cuadro I)

Esta importancia que sigue teniendo el Centro Histórico para el conjunto de la actividad económica de la ciudad parece apoyarse sobre el desarrollo exitoso de empresas de tamaño micro (Véase el cuadro II), lo cual se refleja en el tamaño promedio del personal ocupado por empresa (4.6, contra 8.1 para la Delegación Cuauhtémoc y 9.2 para el Distrito Federal).

Las micro empresas de servicios y sobre todo el comercio del Centro Histórico presentan una mayor productividad en comparación con las unidades del mismo tamaño de las otras dos demarcaciones, no así los padrones de productividad de las micro industrias, que son mucho menores en comparación con los registrados en el conjunto de la delegación Cuauhtémoc o del Distrito Federal.

Por lo contrario, las empresas mediana-grandes establecidas en el Centro Histórico, de ninguno de los tres sectores (industria, servicio y comercio) no se comparan favorablemente con las ubicadas en la delegación Cuauhtémoc y el conjunto del Distrito Federal, tanto en términos de inversiones como de productividad.

Respecto a las unidades económicas de pequeño tamaño, la brecha entre las empresas del Centro y las otras entidades empieza a cerrarse en el caso de las inversiones para los sectores de la industria y el comercio; mientras que para los servicios, el porcentaje de inversión en Centro Histórico es considerablemente mayor (69.3%) en comparación al registrado en la Delegación Cuauhtémoc y en el conjunto del Distrito Federal (29.9% y 35% respectivamente).

Sin embargo, el valor agregado promedio generado por las empresas pequeñas del Centro Histórico está todavía por debajo de los promedios existentes para el conjunto de la Delegación Cuauhtémoc y el Distrito Federal. Para el comercio, los registros de productividad son semejantes.

No obstante la importancia económica del Centro Histórico en comparación con las delimitaciones espaciales de referencia, la considerable subutilización de muchos inmuebles es un indicador de que el Centro Histórico no alcanza a realizar plenamente su potencial económico, situación que se agudiza por los efectos negativos (todavía tangibles) que sufrió el Centro por los terremotos de 1985; y, de las políticas económicas aplicadas durante las dos últimas décadas - que entre otras cosas, han contribuido al crecimiento de las actividades del sector informal, particularmente del comercio en vía pública -.

Un elemento estratégico de la regeneración del «Centro Histórico» lo constituyen el reordenamiento, desarrollo y regulación de sus actividades económicas. En este sentido, un punto estratégico consiste en el diseño y consolidación de proyectos que apuntalen el desarrollo económico, en primera instancia, de los propios habitantes del Centro Histórico, esto bajo la consideración de que una de las causas principales del deterioro tanto físico como social fue justamente la escasez de recursos de la población residente.

Es por ello que el Plan propone una estrategia de generación de proyectos económicos que permitan la incorporación de los habitantes, sobre todo de bajos ingresos, al desarrollo económico del Centro Histórico, mediante el apoyo a la creación de empresas familiares o micro-empresas, de baja inversión pero generadoras de empleo intensivo.

Estas micro empresas pueden cubrir un amplio abanico de actividades vinculadas directa o indirectamente con la industria turística; o bien con las obras de mejoramiento habitacional y de restauración de monumentos. Otros campos de actividad favorables para el desarrollo de micro empresas conciernen la recuperación de las tradiciones culturales, gastronómicas, artísticas, festivas y religiosas.

Esta estrategia implica el diseño de acciones gubernamentales que incentiven las actividades económicas compatibles con el entorno, a través de una amplia gama de instrumentos tales como subsidios, créditos y regulación adecuada.

Por otro lado, considerando que las actividades de la administración pública, el transporte y el turismo, contribuyen de manera importante directa e indirectamente a la economía de la zona, el Plan propone impulsar el desarrollo del potencial turístico de la «Antigua Ciudad de México». No se trata tanto de incrementar la oferta hotelera (existen ya en el Centro Histórico 43 hoteles de calidad turística con 3,963 habitaciones) sino de generar una oferta diversificada de servicios al turismo.

En cuanto al reordenamiento del comercio en vía pública, este se ha vuelto uno de los principales desafíos para la
gobernabilidad democrática de la ciudad. Implica intervenir sobre un conjunto de causalidades de una extrema complejidad. Lograrlo es una condicionante para la consecución de otros objetivos sectoriales, que conciernen sobre manera al desarrollo de la vivienda media, el rescate del disfrute de los espacios abiertos y la inversión en actividades turísticas, así como la reducción de los niveles de inseguridad y de congestionamiento de la vialidad.

El Plan propone revisar el Bando que desde 1993 prohibe la actividad comercial en la vía pública dentro del perímetro «A», sobre la base de responder a las siguientes cuatro preguntas (que pueden ser la base para la constitución de un programa de reordenamiento y regulación de dicha actividad):

- ¿Dónde se vende (calles, plazas)? Se considera que este tipo de actividad puede desarrollarse en forma compatible con los objetivos y estrategias del Plan, a condición de restringirse a determinados espacios. Sin embargo, y dado que el volumen actual de vendedores en vía pública rebasa probablemente la capacidad de estos espacios, convendría evaluar si la constitución de un gran espacio comercial destinado a este sector en los límites del perímetro «B» puede significar una alternativa viable.

- ¿Cómo se vende? Es decir, con un tipo de mobiliario urbano que dignifique tanto a la actividad misma como al entorno en donde se desarrolla (incluye baños, basureros, módulos de vigilancia, etc.)

- ¿Cuántos venden? La respuesta a esta pregunta depende de como se conteste a las dos anteriores, pero parece evidente que las actuales densidades de comerciantes en ciertas calles, son insostenibles.

- ¿Qué se vende? Esta pregunta concierne tanto a la existencia de productos robados como de importación, estos últimos mera vitrina de la globalización de la economía mundial y de la destrucción progresiva de la industria nacional. Los tipos de productos nacionales, deberían ser compatibles con las características patrimoniales, turísticas y culturales del Centro Histórico.

Particular atención merecen los puestos de comida, cuya reubicación fuera de la vía pública parece ser una exigencia de higiene y salubridad pública.

A partir de las consideraciones anteriores, se proponen las líneas de acción y proyectos siguientes.

1. Desarrollo de las actividades económicas vinculadas al turismo

Proyectos:
- Elaboración de un estudio sobre turismo en el Centro Histórico, financiado por la Secretaría de Turismo del Distrito Federal.
- Estación de servicios turísticos (localizada en la Zona de La Alameda).
- Rehabilitación física y social de la zona recreativa de Garibaldi.
- Desarrollo de hoteles especializados en el turismo juvenil.
- Creación del Fondo para el Desarrollo Turístico del Centro Histórico a partir del 2% del impuesto al hospedaje.

2.   Aprovechamiento del patrimonio histórico

Proyectos:
- Oficina de promoción del Centro Histórico (ex «Casa de las Ajaracas»).
- Implantación de servicios turísticos en los «Portales de los Evangelistas» de la plaza de Santo Domingo (restaurantes, galerías de arte, etc.).
- Reapertura de las accesorias del Colegio de las Vizcaínas para artesanos.

3. Desarrollo de micro y pequeñas empresas

Proyectos:
Talleres de capacitación artesanal en la zona del Colegio de las Vizcaínas.
Campaña de promoción de los productos elaborados en el Centro con la etiqueta «Hecho en el Centro Histórico de la Ciudad de México».

4. Reordenamiento y regulación del comercio en vía pública

 8. DESARROLLO SOCIAL

La regeneración y desarrollo integral del Centro Histórico no podrá iniciarse, y menos consolidarse, sin que sea acompañada del fortalecimiento de su tejido social; tampoco tendrá legitimidad alguna si se hace a espaldas, o en contra, de los grupos vulnerables que constituyen un porcentaje significativo de su población. El proceso que se quiere iniciar no puede significar, como lo ha sido a veces en otros tiempos y/o en otras ciudades, mayor exclusión y expulsión de los sectores más desfavorecidos, que - muchas veces - han encontrado en el «Centro Histórico» el último espacio de esperanza de sobrevivir.

Existe en la zona una importante y creciente presencia de grupos sociales con mayor vulnerabilidad: indígenas, niños en situación de calle, jóvenes, adultos mayores, indigentes, personas con discapacidad, trabajadoras sexuales, personas con adicciones y madres solteras adolescentes. Estos grupos son reflejo de la pérdida de la identidad social y cultural en detrimento de los lazos de solidaridad y del deterioro en la cohesión de los barrios; también de la escasa gobernabilidad, por constituirse con frecuencia en puntos de conflicto, y propensos a alimentar relaciones corporativas y clientelares. De ambas prácticas, los grupos vulnerables son una población cautiva.

Estos segmentos de la población con mayor vulnerabilidad económica y social se han radicado en el Centro Histórico y comúnmente ocupan los edificios más insalubres y de alto riesgo estructural, o definitivamente han sido orillados a vivir en la calle. Las líneas de trabajo propuestas pretenden iniciar un proceso de mejoramiento de las condiciones de vida para favorecer las expectativas de desarrollo social, en particular de la población más vulnerable.

La Población Económicamente Activa (PEA) del Centro Histórico presenta un muy alto índice de terciarización (78%) el cual se acompaña de altos niveles de desempleo y subempleo. Según las fuentes, entre el 57% y el 69% de la PEA residente percibe ingresos inferiores a dos veces el salario mínimo. Dato que por si mismo da cuenta del nivel de vida de la población que habita en el Centro Histórico.

Si bien no existen datos precisos respecto a la situación de pobreza y pobreza extrema en el Centro Histórico, existen algunos indicadores que permiten deducir de manera muy general algunos aspectos. Se calcula que cerca del 30% de la población del Centro Histórico habita en vecindades, cuartos de azotea o «cuarto redondo», 11% del parque habitacional cuenta con baños comunes. Para 1997 un 9% de la población que alquilaba su vivienda enfrentaba un juicio de desalojo.

Respecto a los grupos vulnerables no se cuenta con información precisa que permita determinar sus características. Por lo cual el elaborar un diagnóstico se convierte en una tarea primordial.

En algunas zonas tienden a generalizarse niveles alarmantes de pobreza extrema y exclusión. De hecho, estas zonas se están convirtiendo en el último espacio de sobrevivencia para miles de individuos y hogares, dentro de la Metrópoli.

Por otra parte, si bien un alto número del equipamiento destinado a cubrir las necesidades educativas, culturales, de salud y recreación, está subutilizado ante el proceso de despoblamiento del Centro Histórico, es no menos cierto que se encuentra en un grado avanzado de deterioro.

Para repoblar el Centro Histórico no sólo es necesario generar una oferta de vivienda de interés social y popular o para la clase media, se requiere también mejorar las condiciones del equipamiento social existente y de los servicios que en ellos se brinda. No obstante, consideramos que quizás lo más importante para el desarrollo social en Centro Histórico sea partir de una clara política de desarrollo económico que permita elevar los ingresos de la población residente y de una oferta de empleo para la población, en particular la vulnerable, integrándolos a la vida productiva.
Como líneas de acción esta propuesta de Plan propone las siguientes:

1. Coordinación institucional para la elaboración de programas de atención a grupos vulnerables

2. Consolidación de proyectos promovidos por Organismos Civiles y de Asistencia  Privada Proyectos:
De atención a niños y niñas en situación o riesgo de calle:
-Fundación Renacimiento
-Casa de las Mercedes
-Unión Nacional de Mujeres Mexicanas
-Brigada Callejera de Apoyo a la Mujer Elisa Martínez
-Espacios de Desarrollo Integral
De atención a adultos mayores:
-Centro Fray Servando Teresa de Mier
-Casa del Voceador
-Voluntarias Vicentinas de la Ciudad de México
-Comedor San Vicente, Plaza de La Concepción 19
-Proyecto de vivienda destinada a adultos mayores, en coordinación con la Secretaría de Educación, Salud y Desarrollo Social, Procuraduría Social, Junta de Asistencia Privada. Proyectos:
-Casa En Medio
-Casa de la Sabiduría Maya, Maya Ik
-Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas
-Regional de Mujeres
-Foro por el Derecho a la Alimentarse.
-Sistemas de Información Procesada
-Asociación de Miniaturistas
-Asociación de Artistas en Vidrio
-Asociación de Pintores
-Fondo Solidario para la Vivienda
-Coalición Hábitat México
-Casa y Ciudad, A.C.
-Centro Operacional de la Vivienda
-Sedepac
-Centro de la Vivienda y Estudios Urbanos, A.C.

3. Rehabilitación del equipamiento educativo, de salud, abasto, cultural y de asistencia social

Proyectos:
-Rehabilitación de escuelas primarias y centros de salud que se encuentran en condiciones estructurales de alto riesgo.
-Rehabilitación de la Casa Nacional del Estudiante y apoyo a sus proyectos autogestionarios
-Revitalización del antiguo «barrio estudiantil», mediante el re-uso del patrimonio de la UNAM para actividades docentes y de investigación
-Impulsar acciones y programas que permitan un mejor abasto alimentario por medio del mejoramiento de los mercados públicos y de las Cocinas Populares a cargo del DIF-DF.
-Rehabilitación de albergues, a cargo del Gobierno de la Ciudad, para la atención a indigentes, niños en situación de calle y adultos mayores como el ubicado en la Plaza del Estudiante.

4. Programas integrales que vinculen proyectos de desarrollo económico (capacitación, empleo) con el desarrollo social

5. Fomento de espacios de participación ciudadana Proyectos:
-Jornadas Sociales que generen una identidad ciudadana, identificando las necesidades, expectativas y vivencias de los distintos actores que confluyen en el Centro Histórico.
-Boletín de Información y Análisis dirigido a los residentes, organizaciones sociales, civiles y comerciantes del Centro Histórico, como un espacio de expresión ciudadana.
-Programas culturales, deportivos y recreativos populares en calles, barrios y plazas, en coordinación con el Instituto de Cultura de la Ciudad de México y con las Delegaciones Cuauhtémoc y Venustiano Carranza.
 
9. INSTRUMENTOS

Los instrumentos hasta ahora identificados tienen el propósito de facilitar la realización de los proyectos detonadores en el corto plazo, pero también, de sentar las bases de una acción en el largo plazo.

a) Del Gobierno del Distrito Federal con institutos federales de vivienda -FONHAPO, INFONAVIT, FOVISSSTE, FOVIMI- para la construcción de vivienda nueva adecuada al contexto urbano del Centro Histórico.
b) Con el Instituto Nacional Indigenista para promover un programa de vivienda dirigido a comunidades indígenas y programas de atención integral a esta población.
c) Con el INAH y el INBA para actualizar las normas de intervención sobre inmuebles catalogados y el catálogo de inmuebles de alto valor patrimonial con el propósito de aumentar el acervo.
d) Con Universidades e Instituciones Académicas con el fin de que impulsen programas educativos en el Centro Histórico.
e) Internacionales de cooperación (con gobiernos nacionales y ciudades, particularmente con otras ciudades con centros históricos declarados Patrimonio de la Humanidad).
f) Con el Programa de Gestión Urbana a cargo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo para impulsar una consulta internacional sobre el Centro Histórico.
g) Con la banca internacional de desarrollo (Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros), para la obtención de préstamos dirigidos al desarrollo de proyectos específicos en las cuatro líneas estratégicas.

ESTÍMULOS FISCALES

El sector público tiene la responsabilidad y posibilidad de crear las condiciones necesarias para favorecer la participación de los demás actores sociales. Una forma de hacerlo es a través de un marco normativo que ofrezca certidumbre para las inversiones y el uso de recursos públicos -fiscales- para apoyarlas, reconociendo que es responsabilidad pública la conservación de las áreas patrimoniales. Esta labor se ha realizado años atrás con el apoyo de estímulos fiscales limitados. La ampliación de estos apoyos, sin duda tendrían un impacto favorable e inmediato sobre la regeneración y el desarrollo del Centro Histórico.

La propuesta de estímulos fiscales a la inversión pública, privada y social, tiene como principal objetivo lograr la articulación entre la política territorial y la tributaria para conseguir objetivos fuera del ámbito de la recaudación: aumentar la transparencia en el mercado inmobiliario; facilitar las transacciones económicas deseables; inhibir los usos del suelo inadecuados; eliminar la falta de mantenimiento inmobiliario; facilitar el acceso a la vivienda a los grupos sociales más pobres; crear estímulos a las actividades económicas compatibles con el entorno urbano del centro y, aprovechar de manera racional el patrimonio construido, así como la inversión acumulada en la ciudad. Se proponen estímulos en tres áreas:

Estímulos al mercado inmobiliario

Estímulos a la actividad económica

Estímulos a la conservación del patrimonio construido y a la obra nueva