Hernan Crespo-Toral

Sous-directeur général pour la culture UNESCO
Adresse : 7, place de Fontenoy - 75352 Paris 07 SP - France
Tel : 33 (0) 1 45 68 42 88 / fax : (0) 1 45 68 55 91
e-mail : h.crespo-toral@unesco.org


Bueno, soy un arquitecto que ha construido muchísimos castillos en el aire. A principio de mi carrera, empecé a estudiar arquitectura y me nombraron adjunto nacional a un experto en museos y monumentos que venía de la UNESCO, un antropólogo español llamado Pedro Armillas que vino llamado por el Gobierno del Ecuador para formular un plan de restauración de investigación del patrimonio cultural, y esa fue la primera vinculación con este campo del patrimonio. Tuve la oportunidad de tener en 1958 una beca para ir a estudiar Museografía en Francia y tener una serie de experiencias reales de trabajo de las que me enriquecí muchísimo, especialmente por la experiencia mexicana, que era una experiencia muy similar a la de Latinoamérica. Yo podría decir que llevo una pasión encendida que me ha consumido durante ya más de 30 años, que es el salvamento de los bienes culturales de los países latinoamericanos, porque creo que ahí está nuestra esencia y nuestra memoria, y no solamente eso sino nuestro futuro. De manera que por ejemplo, en el ámbito ecuatoriano me dediqué durante muchos años a través de una gestión que estuvo patrocinada por el Banco Central del Ecuador ha rescatar esa memoria. Pudimos rescatar alrededor de 4 millones de objetos arqueológicos, unos 10.000 de tipo etnográfico, de tipo artístico y algo similar. Se fundó una red en el país de museos que llegaban hasta los 30. Se hicieron investigaciones antropológicas, investigaciones arqueológicas, se edificaron museos de sitio y creíamos que con esto habíamos abierto una brecha para que el Ecuador cumpliera su destino histórico. Una de las cosas esenciales que me impulsaron, fue transmitir ese fuego prometeico a los niños y entonces hicimos unos programas muy hermosos en el museo y en todos los museos del país, para que los niños ecuatorianos empezaran a develar esta cosa brumosa que se llamaba patrimonio y que se llamaba herencia, para que sea algo tangible.
Bueno luego de 25 años de trabajo, por cosas de la política, fui marginado de este proceso, como todos esos marginados los recogen los organismos internacionales, fui a París a la UNESCO, primero como representante de UNESCO en Cuba y Director de la Oficina Regional de Cultura para América Latina y el Caribe y desde hace 3 años y medio en París, donde actué como Director principal de Cultura y ahora como Subdirector General a. i..

Quisiera decirles que, lo más importante de todo, soy un testigo de lo que ha pasado en la región latinoamericana desde hace 30 años, y quiero decir que nuestra región ha hecho muchísimo, ha hecho un esfuerzo gigantesco, ha perdido muchísimo de su patrimonio pero todavía tiene un patrimonio excelso para conservarlo y para ponerlo en función cultural y en función social. Quiero decir asimismo que la labor realizada por la UNESCO en el campo de la formación fue algo esencial durante muchísimo tiempo. En el campo de la concientización a sí misma. Gran parte de las ciudades latinoamericanas han sido pues, preservadas a base de las gentes que se formaron en el proyecto regional latinoamericano para la cultura y el desarrollo, en donde se formaron arqueólogos, museólogos, arquitectos e inclusive administradores de los bienes culturales. Quiero decir asimismo que la UNESCO a través del proyecto regional y a través de las figuras de una serie de personajes importantes, no creyó que esos bienes tenían que ser solamente testimonios muertos, sino que los seres humanos en sí mismo constituían un patrimonio, una herencia, un bien cultural extraordinario, y ese bien cultural tenía que ser, primero salvaguardado de la pobreza, enriquecido desde el punto de vista cultural para poder realizarse como personas humanas. Entonces el patrimonio salvado es en función del ser humano. Durante todo este lapso yo he visto evolucionar el criterio patrimonial desde el monumento aislado hasta la ciudad histórica y hasta la ciudad misma, ¿verdad? he visto al mismo tiempo, con inmenso asombro, la vertiginosidad con que se dan las eras, nosotros hemos tenido oportunidad en el lapso de 30 años de vivir muchísimas eras, así como las eras antes duraban siglos o milenios, ahora duran breves instantes, y esa vertiginosidad nos hace que haya un riesgo inminente de pérdida, que se vaya desvirtuando, que se vaya perdiendo esa memoria tangible y que nos quede solamente un intelecto.

Así es que, soy un arquitecto que ganó un premio ornato en mi vida, en Cuenca, y que hizo su propia casa, que es como buscar el árbol en qué ahorcarse. Duró como 10 años la construcción de la casa y curiosamente la planifiqué para vivirla intensamente, y quizás para vivir la vida eterna en esa casa, pero las cosas son diferentes, esa casa está ahí, aislada y nunca más he podido vivirla como hubiera querido vivirla. Porque yo traté de incorporar al Pichincha que está al frente, dentro de mi vida cotidiana, pero desgraciadamente desde hace 10 años solamente lo veo en la bruma de la distancia, o cuando da el Sr. Alcalde los partes de lo que va a pasar pasado mañana cuando erupcione el Pichincha.

En todo caso a pesar de que erupcione el Pichincha, me encanta bailar. Eso es todo.